miércoles, 16 de mayo de 2012

¡El cero absoluto!

Vaya, que hoy si la tenemos complicada, el cero absoluto, ese que en alguna ocasión nos pudo haber adornado alguna hojita devuelta por un sonriente profesor...

Bueno, eso de absoluto puede que no tenga mucho que ver, al fin y al cabo, terminaría computándose con otras notas, que, sumando, darían algún valor menos absoluto...

Claro que recibir un cero, no era ni es agradable, en absoluto, al menos el uno (1) ya representa valor, pero es que el cero...

Estas eran las insondables vicisitudes a las que tratábamos de sobreponernos en nuestros años estudiantiles, porque al final lo imprescindible era ganar cada materia y "pasar el año", hasta nos perdonábamos alguna habilitación, con tal de pasarlo.  Ahora bien que si en medio del agitado caos de exámenes y evaluaciones que rondaban nuestras clases cotidianas algo se nos quedaba en la mollera, pues mejor!

El lunes pasado, 14 de mayo, por el canal Odisea, pasaron un programa que llamó mi atención, claro que cuando la atención llegó, ya el programa estaba avanzado, así que lo tengo incompleto, el programa.  "El Valor de un Grado", como bien su nombre indica, trata de un grado, y su valor.  Cuándo costó el grado?  pregunta errada, sin costo, es valor, y no es el grado, es un grado

Empecemos entonces por la pregunta necesaria ¿Qué es un grado?  Los hay que se llaman Kelvin, también Celsius y Fahrenheit.  Como ejemplo práctico, y, según creo, la fuente para la determinación de las diferentes escalas -pildoritas para la memoria- tenemos que la congelación del agua y su punto de ebullición son: 273 y 373ºK, 0 y 100ºC y 32 y 212ºF.  Quiénes inventaron estas mediciones, pues me imagino que tres señores con idem apellidos, como es costumbre; pero si ya había una que funcionaba, para qué crearon las otras?, cosas de la ciencia y del ego de l científicos, bueno quizás no.

En todo caso, eso de los grados nos lo refriegan a diario los hombres y mujeres del tiempo, ahora recuerdo al primer hombre del tiempo televisado en Locombia  (Max Henríquez...), pero cuando hablan de temperatura en Colombia, lo mismo en España, lo experesan en grados centígrados, que por lo visto equivalen a los grados Celsius, solo que con distinto nombre (porqué el cambio de nombre?), pero cuando nos hablan de los amigos del norte de América, por esas tierras hablan en Farhenheig -cosas de gringos-.

También los ángulos tienen grados, pero cómo se llaman?, el cuento en la Geometría Euclidiana es otro paseo y no hay tiempo, espacio ni memoria para ello.  Además,  los militares, policiás y hasta los profesores tienen su grado.  Entonces, ¿qué es un grado?

Ahora bien, quedándonos con la medición de la temperatura, para evitar enrredos, una cosa es el grado y otra su valor, lo que nos llevaría a inmiscuirnos en cuentos refinados que no perduran en la mollera de este servidor, y como en la web todo se haya, pues a quien le pique la curiosidad, que busque... Y no es que pretenda salirme por la tangente, faltaría más, lo que pasa es que meterme en cuentos de la termodinámica me escuese; mi contacto con la física no pasó de los dos años finales de bachillerato, donde, además de sufrir unas semanas con un profesor de cuyo nombre no quiero acordarme, pero del que no olvido que nos llevó a comprar la Física de Michel Valero, tuvimos la fortuna de su irremplazable reemplazo, Olguita, y para qué extendernos, que no nos perdíamos sus clases, así no aprendieramos nada... y mal haríamos al culplar de ello a la profesora, o sí...

Terminemos, a los que vinimos, el Cero Absoluto, que está determinado dentro de las escalas arriba mencionadas con 0ºK, -273ºC y -460ªF;  allí no hay movimiento ni calor, ¿será que hay mataria?.

Los dejo, espero que no fríos, tampoco acalorados, a temperatura ambiente, para que sigan con sus vidas, ya tan alejadas de los días del Colegio Robledo de Calarcá, como lo está 1978 de este 2012 que se acerca a la mitad.  Abrazos y recuerdos para todos.

martes, 24 de abril de 2012

La cremallera y el día

Hoy me levanté pensando en este blog, es más, con la firme intención de escribir después de un mes de silencio; así que ya desde dos o tres días atrás estaba cabilando sobre el qué, la justificación de la entrada, el motivo; pero hasta hace pocos minutos no había tema aún.

Pensaba buscar un poco sobre la proliferación de los días, bueno, no es que ellos mismos proliferen, son los que son y van uno tras otro, cumpliendo su sino, y haciendo que los que creemos que sabemos sobre ellos dejemos pasar la vida mientras ellos continuán en su alternancia infinita, aunque no total, porque según los astrónomos, llegará en el momento que ya no habrá tierra, sol ni sistema solar, pero por esas calendas ya no habrá parroquiano que lo viva y cuente!.

Me refería a que ahora tenemos días para todos los gustos y disgustos, algo o alguien ha decido que las cosas tienen días.  Creo recordar los días que tenían dedicatoria en nuestra época de colegiantes, más alla del día del idioma (ayer), del día del trabajo (en ochos días) y del día de la raza, poco mas.  También estaba el día del árbol, cuya fecha no se me aclara, pero sí recuerdo que cantábamos;

Plantemos nuevos árboles, la tierra nos convida, plantando cantaremos los himnos de la vida...

Sin olvidar los días de la madre y del padre, el del niño -con paseo incluído-, recuerdo ahora el día de la banderita, del profesor; ya acudirán otros más.

Así que para buscar sobre el tema, encendí el ordenador, accedí a internet y en la página principal del buscador que habitualmente uso encontré una cremallera, joder!, el día de la cremallera y yo sin ninguna, efectivamente en la vestimenta que me acompaña no hay cremalleras.  Al leer sobre el cuento, descubrí que hoy hace x años nació el inventor de tan reputado y útil adminículo, vaya fecha!.  Y claro, el que lee aprende y descubre, la cremallera es algo más que el cierre, hay dirección de cremallera, tren de cremallera, y no sé que otras cremalleras más... he descubierto un jardín cremallera, pero no voy a subir la imágen.  En Manizales, en sus estrechas y congestionadas calles oía decir que para mejorar el cuento de la circulación lo mejor era el sistema cremallera, con el cual los conductores que confluyen en un cruce, van accediendo a la vía uno de cada lado en forma alterna, otra cremallera, con mucho de cultura ciudadana.

Pero el inventor tal parece que no inventó, sinó que patentó, fabricó y explotó económicamente el invento, tal como en el caso de la bombilla eléctrica, el teléfono y quién sabe qué mas cosas, que el mundo siempre ha sido de los vivos... y la historia está llena de mentiras y falsedades, no hay remedio!. 

Ahora, en los tiempos del velcro, a propósito, quién lo inventó y quién se llenó con él?; digo, ahora en los tiempos del velcro, no han perdido vigencia las cremalleras, los botones con sus ojales ni los cordones; ¿cual es mejor?, buena pregunta, el velcro es una joda, se pega con todo y termina deteriorando los tejidos cercanos,  además de que se pegan con lo que menos se quiere o necesita; las cremalleras terminan perdiendo los dientes y no tienen dentista, además las metálicas con el tiempo se oxidan y manchan las prendas, sin olvidar el olor desagradable que desprenden algunas;  los botones se caen, los ojales se ensanchan y a veces terminamos abotonados de cualquier manera; muchas veces hemos perdido un botón en el peor momento, y en algunas ocasiones habremos paseado muy orondos con nuestras prendas mal o desabotonadas. Y de los cordones, bueno, terminan reventándose, sin olvidar los nudos.  Sí, los nudos; curso básico para amarrarse los zapatos, primer paso... ¿cuándo pude amarrarme los zapatos por mi propia cuenta? no lo sé, imposible recordarlo, pero lo que no olvido son los nudos con los que era común terminar y para resolverlo era necesaria la paciencia y habilidad de los adultos.  Desatar el primer nudo, otro hito perdido para la historia!.

Así las cosas no sé con cual quedarme, y mejor no elegir, lo importante es poder contar con ellos cuando y donde se precisen, porque cuando faltan o no funcionan las cosas se descomponen; no puede dejar de pensar ahora que en ciertos regímenes carcelarios arrancaban los botones cremalleras y cordones de las prendas de vestir de los presidiarios, lo que los obligaba a sostenerse los pantalones con las manos, ignominioso cuando menos...

Un saludo a los bachilleres del colegio Robledo de Calarcá, que en 1978 me acompañaron a recoger el diploma, estoy casi seguro que ninguno de ellos se habrá salvado de un velcro caprichoso, una cremallera desdentada, un botón caído o un nudo en los zapatos, así que aún sin mencionarlos, desde el primer renglón estaban incluidos es esta entrada, abrazos a todos.

domingo, 18 de marzo de 2012

Cambios...

Con ánimos masoquísticos he rescatado, por intermedio de mi hermano Ricardo, las calificaciones de los primeros años de estudio, primaria y bachillerato. Como ya lo saben, los que por este rincón se dejan caer de vez en cuando, para completar mis estudios primarios trasegué por tres escuelas diferentes, la Antonio José de Sucre, en Anserma Caldas, los tres primeros años y las escuales Santander y Girardot, en Calarcá, para los dos últimos, y en el órden anunciado. Tres escuelas y dos pueblos, con un sistema de calificaciones uniforme, de cero a cinco y notas bimestrales. En los cuatro primeros años tuve un maestro por curso, pero para quinto hubo un profesor por materia.


En 1973 ingresé al Colegio Robledo, para iniciar el bachillerato, como lo hicimos muchos de los que seis años después terminamos graduándonos. Siempre supe, o di por entendido, que la institución llevaba por nombre "Colegio Robledo", sin arandelas ni colgandejos, y con falso y lejano eco de conquistador español. Tema aclarado en entradas enteriores.


Sin embargo, en le boletín de calificaciones de primero, veo que el escudo reza "Colegio Jorge Robledo Calarca" y a partir de las de segundo se suprime el nombre "Jorge", para aparecer con la denominación que siempre he identificado a tan recordado plantel: Colegio Robledo. Lo curioso del caso es, que revisando más documentos, encuentro que en los diplomas de bachilleres, que nos expidieron en 1978, vuelve a aparecer el escudo con el nombre incluído. Busquen el diploma, saquen la lupa y lo podrán comprobar.


Así las cosas, cuando en 1973 ingresamos al Colegio le tenían un Jorge que desaparece durante cinco años y para despacharnos para la casa, en 1978, nos expiden un diploma que presenta las dos variantes, en el encabezado Colegio Robledo y con un escudo que vuelve a incluir al Jorge.


Tratando de deshacer el entuerto, y que conste que de quijote nada tengo, recurro a la web y descubro que ya el Colegio Robledo no existe, ahora hay un sucedáneo que dice llamarse I.E. Robledo (Institución Educativa Robledo). Además, cosa que es bien sabida, ya no funciona donde la vivimos, sinó un poco más al nororiente y, me imagino, que del cuerpo docente tampoco serán muchos los que continúen dando clases... treinta y cuatro años dan para mucho, si ya tenemos jubilados dentro de los graduados de entonces, qué diremos de nuestros profesores!.


Retomando los cambios que vivimos, nos tocó una época de experimentos en cuanto a métodos de calificación; en primero de bachillerato nos calificaban mensualmente y de cero a cinco, en segundo pasamos a períodos bimestrales, con notas de cero a diez y en cuatro y quinto calificaban también por bimestres, pero de cero a cien (primer bimestre de cero a diez, segundo hasta quince, tercero hasta veinte, cuanto hasta veinticinco y el último bimestre, hasta treinta); en sexto volvimos a la calificación de cero a diez, por bimetres, pero con la novedad de los exámenes finales, que habían desaparecido desde segundo. Jóder si nos cambiaban las reglas de juego, y sin derecho al palateo!


Nuestra época de estudio fue tiempo de cambios y experimentos, para muestra los que se dieron en los métodos evaluativos, en los nombre de las materias -recuerdan lo de ciencias integradas- y desaparición de asignaturas -el francés ya no se enseñaba cuando llegamos a quinto- en una institución que con el paso del tiempo cambió hasta de nombre, pero del que prevalece como signo identificativo "Robledo", que nos marcó los pasos, y nos preparó para afrontar la vida. Fuimos y seguiremos siendo Robledistas, desde los primeros graduados en 1952, hasta los que iniciaron sus estudios de bachillerato en este ya avanzado 2012, en eso no cambianos, todos podemos identificarnos bajo un manto Robledista, así no podamos establecer a ciencia cierta en qué consiste.


Un abrazo Robledistas.

jueves, 23 de febrero de 2012

tareas para toda la vida...

"La necesidad de enseñar"

"Es imprescindible aprender. Nunca hemos de dejar de hacerlo, es tarea de toda una vida, hasta el punto de que cesar de aprender es el máximo envejecimiento, el definitivo. Pero conviene no olvidar que es decisivo enseñar, que alguien enseñe, que alguien nos enseñe.

"Aprendemos de múltiples modos y maneras, pero esta variedad no significa que hayamos de desestimar la compañía, la complicidad, la proximidad de quienes nos facilitan, nos procuran, nos acercan, nos posibilitan saber..."

"Nunca olvidamos a quien nos enseña bien lo que es verdadero y bueno. Nos inicia en una forma de relación con lo sabido, para que sea parte constitutiva de los somos. Es cierto, se insiste, "hay que aprender a aprender", pero no hemos de olvidar que hay que enseñar a aprender. Alguien ya dijo que enseñar es dejar aprender. Y ese dejar no es una pasividad, es una creación de posibilidades propias para cada cual, apropiadas. en realidad, ello distingue al buen profesor, al buen educador. Tener un buen maestro, disfrutar de la dicha de un buen maestro es un regalo de la vida y hemos de reconocerlo con agradecimiento y sencillez. Lo hemos necesitado y lo necesitamos."

Angel Gabilondo, el Pais, 22 de febrero de 2012

He querido transcribir algunos apartes del blogg de Angel Gabilondo "El salto del Angel", como una forma de recordar a nuestros maestros y profesores, a los que durante los once años en que trasegamos por escuelas y colegios, contribuyeron a formar en todos y cada uno de nosotros lo que finalmente resultamos siendo. Desde los que nos recibieron en la escuela primeria y forjaron los cimientos, hasta los que terminaron la labor en 1978 en el Colegio Robledo de Calarcá. Al decir "terminaron" lo hago sabiendo que fue el final de un ciclo, dentro del espiral que nos arrastra, espiral, no remolino.

Sus nombres los tenemos en listas personales, porque son experiencias individuales, a pesar de que fueron compatidas; bien dicen que cada quien habla de la feria según le fue en ella, y no les falta razón. Imagino que habrán coincidencias, como es lógico, lo mismo que diferencias, no sin razón; pero lo que si tengo claro, es que en un algún rincón de nuestro ser guardamos sentimientos de gratitud por esos hombres y mujeres que con su esfuerzo, dedicación y compromiso, marcaron nuestras vidas. Porque todos tuvimos la felicidad de disfrutar experiencias junto a un buen maestro, y en más de una oportunidad, y sus enseñanzas nos acompañan siempre y nos impulsan a seguir aprediendo, dia a día.

No quiero dejar nombres, cada quien lleva huellas particulares y conserva sus gratos recuerdos...

martes, 14 de febrero de 2012

Estrenar cuadernos

Por ahí pasamos todos en repetidas ocasiones, inevitablemente, el inicio de cada año implicaba estrenar cuadernos, se marcaban con el nombre y la materia y algunos, los más juiciosos, hasta con el nombre del profesor. Creo que también se usaba identificar el grupo, 6º-A y el año, 1978; pero no era regla, los habría que simplemente los iniciaban desde la primera hoja.

Pero el paso anterior era la compra de los mismos, con cargo al bolsillo de los padres, obvio; claro que también los había procedentes de los directorios políticos o de otras instituciones de distintos pelambres, así que mejor no hablar sólo de la campra. Lo cierto es que, de cualquier manera, se terminaba cargando cinco o más cuadernos bajo el brazo o dentro de alguna imitación de mochila o maletín, que nos acmpañaban buena parte de nuestras jornadas estudiantiles y se arrinconaban en algún lugar de la casa una vez terminada la misma. Por aquel entonces era común que en casa se tuvieran pupitres, en mi casa hubo uno, amarillo, que sobrevivió como herencia sempiterna hasta el último de los noreña-gamboa, incluso creo que aún sobrevive en alguna parte de la estancia materna.

De cincuenta o cien hojas, he ahí el dilema. . . de acuerdo con nuestras capacidades cabalísticas, experiencias y espectativas decidíamos de cuántas hojas, buscando que durara para toda la legislatura; también los había de 20 hojas, pero eran una minoría. Y nos quedaba la opción de repartir uno grande en varias materias, vaya sapiencia!. Por esa época surgieron los cuadernos anillados o argollados, que rompieron con la dictadura de las cien hojas como límite, llegaron los "cinco-materias", pero es posible que para disfrutar de tan maravillo invento tuviéramos que esperar algunos años.

Lápiz o lapicero? porque la época del estilógrafo había sido superada, eso de cargar la tinta y llenar el aparatejo de marras, con las consabidas manchas que ocasionaban los inevitables accidentes (manchas azules o negras en los cuadernos y la ropa, en el bolsillo de la camisa o dentro del maletín, desastre total), no iba muy bien con nuestros desordenados espíritus. En un momento dado quise especular que a lo mejor Jotica* podría haberlos llevado, los estilógrafos, pero un vago recuerdo me persuadió de lo contrario: La ocasión en que por poco se ahoga con el obturador del lapicero, ese adminículo que algunos modelos de plástico tenían para empujar o guardar la mina y que , por lo visto y vivido, servian de entretenimiento a nuestra brillante compañero de clases, hasta que la mala jugada le persuadió de no volverlo a hacer con el lapicero tan cerca de la boca. Si la memoria no me traiciona del todo, fue en clase de química, con don Urbano Zapata, es decir en quinto o sexto. Jota lo recordará mejor que yo, por una vez fue el protagonista de la clase por algo diferente a su excelente rendimiento!

Lápiz o lapicero? lapicero por mayoría. Porque los portaminas tampoco habían hecho su aparición por aquel entonces, estaban cerca, pero no tanto; o si lo estaban, no se habían popularizado aún.

Aún no disponíamos de calculadoras manuales, todo a lapiz, sumando, restando, multiplicando y dividiendo; raiz cuadrada también y no olvidar la tabla de logarítmos ¿para que servía a más de rajarnos en trigo?.

Tal parece que nos tocó la epoca intermedia entre la pizara y el ordenador, entre el ábaco y la calculadora, la del lápiz y el papel...

Pasan por mi memoria momentos en los que con esmero escribíamos las primeras páginas de nuestros cuadernos, con las primeras lecciones de cada año, y cómo, con el pasar de los días y el avance del año, la prisa y otros intereses terminaban reflejándose en los mismos con hojas en blanco, testigos mudos de alguna fuga; tachones, enmendadubas y borrones, que hicieron parte inherente de nuestro proceso de aprendizaje.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Cuatro Años

Al cumplir cuatro años de "ininterrumpida labor", es necesario mirar atrás y comprobar el camino recorrido. Alguna huella debe haber, quizás pequeñas y casi indelebles marcas en la memoria de los que por algún acaso han caido en este blogg. Unos cuantos comentarios y algunos mensajes de texto a través del correo electrónico nos permiten saber que no se ha escrito en vano. La otra herramienta que nos hace saberlo es el contador de visitas que tiene instalado este chisme, y que nos permite saber la cantidad de visitas que recibimos, día a día.

Sé perfectamente que este entuerto no es masivo, todo lo contrario, tiene una orientación muy determinada: Los bachilleres del colegio Robledo de Calarcá, que en 1978 hechamos a andar por el mundo. Así que no me extraña que los visitantes sean pocos, cuando no escasos, pero en ningún momento inexistentes. Adicionalmente, y como bien lo saben algunos de mis ex compañeros de friega colegial, con cierta regularidad les hago llegar un mensaje, recordándoles que este cuento no para, que sigue acumulando letras, que no se desiste en el empeño.

A estas alturas de la partida, las cosas no son de todo como imaginaba en sus inicios, los contactados son pocos y, además, bastante silenciosos, no sé bien si tímidez o desinterés, o vaya a saberse qué; lo cierto del caso es que de los convocados sólo unos cuantos han sido notificados o enteredos, razón adicional para que este negocio aún no peleche.

Las causas no pueden ser muchas, y la culpa de nadie, al menos nadie distinto de mí, que me metí sin consultas previas ni los estudios de mercado pertinentes. Además, los medios han sido bastante reducidos, a más de la buena volundad de los mas cercanos, poco. Sin dejar de lado que desde que estoy dándole a la matraca, no han vuelto mis pasos por tierras cafeteras; sigo varado a orillas de Mediterráneo, respirando otros aires, cuasi desconectado del mundanal eje cafetero colombiano, y digo cuasí porque algunos rumores recibo, aunque también escasos.

Algo que sí he podido comprobar, a lo largo de estos 48 meses, con mis incursiones en el laberinto que nos concierne, es decir la época del colegio, la década de los años setenta, es la escacez de material que presenta la web. Muy pocas cosas se han vertido a este medio, tan pocas que podría decirse que todo está por hacer. Y no sólo a nivel del municipio o del departamento, funciona igual para el colegio o cualquier institución de la región, es decir, sobre lo que inutilmente he tratado de encontrar información.

Parece ser que en la digitalización de archivos estamos en pañales, o menos aún, en estado embrionario, si es que alguien ha llegado a pensar en ello -de lo que no tengo la más mínima idea y me quedan muchas dudas-. Entendible, claro, las prioridades son otras, la inmediatez nos carcome y, en últimas, para qué digitalizar archivos que a lo mejor nadie llegue a consultar o cuya importancia sea tan reducida que no valga la pena el esfuerzo. Pongamos un ejemplo simple, sencillo, ¿Quiénes han sido los alcaldes de Calarcá en los últimos cincuenta, cuatenta, treinta o veinte años? ¿Dónde puede consultarse esa información? ¿A quién corresponde el manejo de los archivos del municipio?, si es que existe dicho archivo. ¿A alguién le importa?

Bueno, no les prolongo más la nota con mis cuitas, mejor me despido de momento, no sin antes notificarles que no me detengo, que continuo, prosigo, avanzo, al menos en apariencia, sin desistir en el empeño; si el cuerpo ha aguantado estos cuatro años, confio en que resista otros cuantos...

Un abrazo para todos.

jueves, 26 de enero de 2012

Todo cambia, 1971

"No hay primera sin segunda dijo Pincho Kalandrake...", ya voy llegando a la cuarta y como si nada, sigámosle dando entonces:

Como puede verse, o leerse, en los entradas anteriores, inicié mis estudios primarios en Anserma, Caldas, y allí cursé hasta tercero; si mal no estoy alcancé a iniciar el cuarto grado, pero eso es conjeturar. Lo cierto es que llegado el año de 1971, mi familia se desplazó, y yo con ella, a Calarcá, volvíamos al terruño, dejando atrás los primeros pinitos de amistad y mucha familia, abocados a lo nuevo, a lo desconocido y sin vuelta de hoja.

No puede ser agradeble ni placentero que lo cambien a uno de escuela y de ciudad y de todo a la edad de 10 años, hacer borrón y cuenta nueva es una mala jugada, pero a esa edad los designios familiares te cobijan a cabalidad y no tienes nada que hacer. Así que para febrero reiniciaba mis estudios en otra escuela, sin nadie conocido, bueno excepto uno, de quien más adelante daré algunas señas y hasta el nombre, lo mismo que un primo. De la escuela Santander los recuerdos son igual de borrosos o más que los que conservo de la escuela Sucre; bastaría decir que no he podido acordarme del nombre del profesor, de su rostro sí, algo queda en la memoria, pero nada más; de los compañeros de pupitre menos, no tengo ningún nombre grabado, y eso me parece curioso, es como si no hubiera estado allí. ¿Acaso algunos de mis compañeros de grado en el Colegio Robledo de Calarcá en 1978 también militaron en el cuarto A de la escuela Santander en 1971? pregunta sin respuesta de momento.

A Fernando Naranjo lo conocimos en diciembre de 1970 y con él me reencontré en la escuela al año siguiente, pero como era un poco más alto, y quizás también un poco mayor, no nos tocó compartir salón, de todas maneras fue un rostro conocido y el enlace para superar el trance. Habíamos trabado amistad mientras mi familia estuvo de "paseo" en la Villa del Cacique" en el diciembre anterior, recuerdo que pasamos unos días en casa del abuelo, donde ellos, los Naranjo, tenían una tienda y en compañía de Fernando matabamos el tiempo. Años después, Fernando Naranjo Salamanca también terminó bachillerato en el Colegio Robledo y en 1978, pero en 6-B; no estabamos escriturados para compartir de cerca, siempre tuvimos la pared de por medio; lo recuerdo como el primer amigo calarqueño y de él no sé nada ahora.

Tampoco sé mucho de la gran mayoría de compañeros del Colegio, al repasar la lista los recuerdo a casi todos, con alguna rara excepción, que no puede faltar para completar la regla, sus rostros petrificados en el tiempo permanecen en la memoria, y guardo la ilusión del volvérmelos a encontrar; no es que pretenda desandar caminos, faltaría más, al olmo no le pido peras, pero los reencuentros hacen parte de la vida, son una forma de volver a encontrarnos con aquel que fuimos, con esa parte oculta o escondida de lo que somos.