miércoles, 16 de mayo de 2012
¡El cero absoluto!
martes, 24 de abril de 2012
La cremallera y el día
Plantemos nuevos árboles, la tierra nos convida, plantando cantaremos los himnos de la vida...
Sin olvidar los días de la madre y del padre, el del niño -con paseo incluído-, recuerdo ahora el día de la banderita, del profesor; ya acudirán otros más.
Así que para buscar sobre el tema, encendí el ordenador, accedí a internet y en la página principal del buscador que habitualmente uso encontré una cremallera, joder!, el día de la cremallera y yo sin ninguna, efectivamente en la vestimenta que me acompaña no hay cremalleras. Al leer sobre el cuento, descubrí que hoy hace x años nació el inventor de tan reputado y útil adminículo, vaya fecha!. Y claro, el que lee aprende y descubre, la cremallera es algo más que el cierre, hay dirección de cremallera, tren de cremallera, y no sé que otras cremalleras más... he descubierto un jardín cremallera, pero no voy a subir la imágen. En Manizales, en sus estrechas y congestionadas calles oía decir que para mejorar el cuento de la circulación lo mejor era el sistema cremallera, con el cual los conductores que confluyen en un cruce, van accediendo a la vía uno de cada lado en forma alterna, otra cremallera, con mucho de cultura ciudadana.
Pero el inventor tal parece que no inventó, sinó que patentó, fabricó y explotó económicamente el invento, tal como en el caso de la bombilla eléctrica, el teléfono y quién sabe qué mas cosas, que el mundo siempre ha sido de los vivos... y la historia está llena de mentiras y falsedades, no hay remedio!.
Ahora, en los tiempos del velcro, a propósito, quién lo inventó y quién se llenó con él?; digo, ahora en los tiempos del velcro, no han perdido vigencia las cremalleras, los botones con sus ojales ni los cordones; ¿cual es mejor?, buena pregunta, el velcro es una joda, se pega con todo y termina deteriorando los tejidos cercanos, además de que se pegan con lo que menos se quiere o necesita; las cremalleras terminan perdiendo los dientes y no tienen dentista, además las metálicas con el tiempo se oxidan y manchan las prendas, sin olvidar el olor desagradable que desprenden algunas; los botones se caen, los ojales se ensanchan y a veces terminamos abotonados de cualquier manera; muchas veces hemos perdido un botón en el peor momento, y en algunas ocasiones habremos paseado muy orondos con nuestras prendas mal o desabotonadas. Y de los cordones, bueno, terminan reventándose, sin olvidar los nudos. Sí, los nudos; curso básico para amarrarse los zapatos, primer paso... ¿cuándo pude amarrarme los zapatos por mi propia cuenta? no lo sé, imposible recordarlo, pero lo que no olvido son los nudos con los que era común terminar y para resolverlo era necesaria la paciencia y habilidad de los adultos. Desatar el primer nudo, otro hito perdido para la historia!.
Así las cosas no sé con cual quedarme, y mejor no elegir, lo importante es poder contar con ellos cuando y donde se precisen, porque cuando faltan o no funcionan las cosas se descomponen; no puede dejar de pensar ahora que en ciertos regímenes carcelarios arrancaban los botones cremalleras y cordones de las prendas de vestir de los presidiarios, lo que los obligaba a sostenerse los pantalones con las manos, ignominioso cuando menos...
Un saludo a los bachilleres del colegio Robledo de Calarcá, que en 1978 me acompañaron a recoger el diploma, estoy casi seguro que ninguno de ellos se habrá salvado de un velcro caprichoso, una cremallera desdentada, un botón caído o un nudo en los zapatos, así que aún sin mencionarlos, desde el primer renglón estaban incluidos es esta entrada, abrazos a todos.
domingo, 18 de marzo de 2012
Cambios...
En 1973 ingresé al Colegio Robledo, para iniciar el bachillerato, como lo hicimos muchos de los que seis años después terminamos graduándonos. Siempre supe, o di por entendido, que la institución llevaba por nombre "Colegio Robledo", sin arandelas ni colgandejos, y con falso y lejano eco de conquistador español. Tema aclarado en entradas enteriores.
Retomando los cambios que vivimos, nos tocó una época de experimentos en cuanto a métodos de calificación; en primero de bachillerato nos calificaban mensualmente y de cero a cinco, en segundo pasamos a períodos bimestrales, con notas de cero a diez y en cuatro y quinto calificaban también por bimestres, pero de cero a cien (primer bimestre de cero a diez, segundo hasta quince, tercero hasta veinte, cuanto hasta veinticinco y el último bimestre, hasta treinta); en sexto volvimos a la calificación de cero a diez, por bimetres, pero con la novedad de los exámenes finales, que habían desaparecido desde segundo. Jóder si nos cambiaban las reglas de juego, y sin derecho al palateo!
Nuestra época de estudio fue tiempo de cambios y experimentos, para muestra los que se dieron en los métodos evaluativos, en los nombre de las materias -recuerdan lo de ciencias integradas- y desaparición de asignaturas -el francés ya no se enseñaba cuando llegamos a quinto- en una institución que con el paso del tiempo cambió hasta de nombre, pero del que prevalece como signo identificativo "Robledo", que nos marcó los pasos, y nos preparó para afrontar la vida. Fuimos y seguiremos siendo Robledistas, desde los primeros graduados en 1952, hasta los que iniciaron sus estudios de bachillerato en este ya avanzado 2012, en eso no cambianos, todos podemos identificarnos bajo un manto Robledista, así no podamos establecer a ciencia cierta en qué consiste.